7 de julio de 2007

28 semanas después

Parece la típica película de zombies donde los protas se esconden en una casa a esperar que los muertos vivientes terminen de conquistar el mundo, pero no.

Después de la escena que sugiere precisamente esa línea argumental, la película nos sumerge en la historia contándonos a modo de prólogo y nos cuenta cómo Londres fue invadida por los zombies y cómo ha sido recuperada y rehabilitada, tardando 28 semanas en todo ello: tras cargarse a todos los bichos han creado una especie de zona franca libre de virus con nidos de ametralladora usamericanas (qué buenos son que siempre vienen a salvarnos sin quejarse de lo inútiles que somos los uropeos, hoygan) en las puertas... por si acaso, vamos.

Total, que meten a 15.000 personitas en el centro de London para que rehagan sus vidas tranquilamente... pero hete aquí que el virus a logrado sobrevivir sin disparar las alarmas y vuelve a meterse entre la población. Esto lleva a una hora de casquería combinando los clásicos mordiscos con francotirados, bombas de napalm (o algo similar) lanzadas desde cazas, helicópteros, fusiles de asalto, palanquetas e incluso ¡agentes bioquímicos gaseados!

Resumiendo, lo mejor diría que es, sin duda, que en los albores del S. XXI no hemos perdido las ganas de hacer cine de casquería y zombies. Además, la peli termina mal y eso siempre mola. Otro punto importante, que aunque difiera de las pelis clásicas del género y eso en cierto modo le haga perder encanto, es que los zombies canean que da gusto y además matan por placer... y no sólo a bocados, sino a patadas y puñetazos. ¡Y hasta te meten los dedos en los ojos! Eso sí, después de matarte no te comerán.

Lo peor son todas las escenas en el metro que son todas a oscuras o con la puta visión nocturna y no es muy agradable de ver.

El trailer:




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