27 de junio de 2007

Blade Runner

Tal día como hoy (en realidad como ayer, que es cuando escribí esto) se hizo Blade Runner, una película inspirada en el cuento de ciencia ficción "¿Sueñan los androides con ovejas electrónicas?" de Phillip K. Dick. Bueno, o algo más o menos así... Lo importante es que tanto la película como el libro son grandes obras. Ahora que eso sí, la peli está inspirada en el libro: algo así como 300 está inspirado en el cómic del mismo nombre, sólo que bien hecho en el caso de Ridley Scott.

Cada uno aporta cosas distintas. Para empezar, en la peli se saltan medio libro (que casualmente es justo lo contrario que hacen con 300) y se centran en Deckard, los replicantes y el derecho a la vida de los androides. En el libro se centran un poco más en el tío que no es válido para vivir con los sanos (aka la élite) y los cacharritos (aka friki-gadgets) que inventa para no sentirse tan sólo.

Además, hay tres cosas que llaman la atención y que en la película desaparecieron: una religión estravagante propia de Un mundo feliz, la obsesión del protagonista por conseguir un buen animal de verdad, no un robot... un mamífero grande sería lo más: una oveja, por ejemplo, y finalmente la costumbre de usar un aparatito con el que la gente decide el estado de ánimo que quiere tener.
Si en el libro estas tres cosas muestran sobradamente la distopía y deshumanización que se vive en ese mundo, en la peli son los gigantescos edificios con anuncios gigantes de cocacola, las referencias al Gran Hermano y la posibilidad de que tus recuerdos no existan y no seas nada lo que refuerzan esas sensaciones.

También hay que tener en cuenta que esta obra, sobre todo la película, ha influenciado en gran medida la ciencia ficción de los 80, de la época cuando se puso de moda el subgénero del cyberpunk. Se pueden ver sus influencias en El Neuromante, por ejemplo.

Resumiendo, que es una gran película y que todo aquel que no la haya visto debería tener un serio sentimiento de culpabilidad y remordimiento.

11 de junio de 2007

Terry Gilliam y Brazil

Hará un mes deambulaba por mi videoclub habitual buscando Johnny Mnemonic o alguna otra peli que satisfaciera mis necesidades de un futuro sombrío cuando vi la portada que acompaña estas líneas.

Brazil(1985) es una película totalmente surrealista que trata sobre la vida insulsa de un burocratilla sin ambición alguna. Ambientado en una distopía perdida en algún momento del siglo XX, el mundo es entre onírico, anacrónico y sabe dios qué más. Por ejemplo, los ordenadores que están por todos lados están hechos con máquinas de escribir, grandes lupas y tubos de rayos catódicos. Muchos dicen que esta cinta representa fielmente la atmósfera opresiva orweliana de 1984, estando todo controlado por una deshumanizada e infalible burocracia. Un mundo en el que uno sólo parece libre cuando se refugia en sus sueños… o en su locura.

Su director es Terry Gilliam, quien empezó su carrera con los Monty Pyton y codirigió junto con Terry Jones “Los caballeros de la mesa cuadrada”, donde además actuó como escudero del rey. Desvinculado ya del grupo británico ha dirigió algunas películas “raritas” como Brazil (que de hecho, forma parte de una trilogía junto con "Los bandidos del tiempo" (1981) y "Las aventuras dle Barón Munchausen" (1989).

Pero no sólo hace películas más o menos chungas (aunque con pasta, eso desde luego), también nos ha dado “Doce monos”, “Miedo y asco en las Vegas” y “El secreto de los hermanos Grimm”. Actualmente está estrenando Tideland.

Y ahora, ¿se puede pedir más? Pues sí, se puede. Además de llevar años tratando de rodar un película sobre el Quijote (El hombre que mató a Don Quijote), parece que está interesado el hombre en adaptar al cine la novela Good Omens escrita por Neil Gaiman y Terry Pratchett.