22 de agosto de 2010

Shako: batallas napoleónicas



Ayer eché mi primera partida a Shako, un wargame de batallas napoleónicas. A años luz de Warhammer 40.000 y Flames of War, este es el primer wargame serio al que juego y tengo que decir que han sido tres horas muy satisfactorias. Ahora bien, en 3 horas apenas nos ha dado tiempo a aprender las reglas más básicas y a jugar 6 turnos: este es un juego complejo y largo, en el que las partidas pueden alargarse horas y horas.

Lo primero que llama la atención es que este juego tiene dos niveles de estrategia. En el primero el general del ejército, desde su posición de visión privilegiada del campo de batalla, da órdenes a sus divisiones. Con el plano del campo de batalla, planea los movimientos y marca las nuevas posiciones que deben ser atacadas o defendidas. Luego manda un aide de camp para que entregue las nuevas órdenes al general de la división y estos las ejecuten.

El segundo nivel estratégico es el más táctico. Cada división ejecuta las órdenes del general de la mejor manera posible, maniobrando con sus batallones y apoyado por la artillería asignada y los hostigadores. Las divisiones deben cumplicar la orden que tengan aunque a priori pueda parecer ilógico.

Una vez aclarados los conceptos más básicos, cuando se empieza a organizar la estrategia de la batalla, el jugador se da cuenta que la parte más interesante del juego no es mover figuritas y tirar dados, sino la toma de decisiones sobre el mapa. Esto tiene además el beneficio añadido de que el número de jugadores no está limitado al núnero de ejércitos contendientes (2) o de divisiones (3 por ejército hasta donde yo he visto).

Al representarse ejércitos enteros con miles de militares, las miniaturas sólo son meros adornos representativos, ya que una división de infantería puede componerse por 5.000 o 6.000 fusileros. Por este motivo, en el juego se utilizan plaquetas o peanas de tamaños fijos, pero no está determinada ni la escala ni el número de miniaturas a utilizar. Así, nosotros hacemos los play testing con miniaturas de plástico de 20 mm sin pintar, pero en las partidas de verdad las usaremos de 15 mm y pintadas con todo el rigor histórico que nos permita nuestro pulso.

Como conclusión final diré que me gustó mucho el juego, ya que representa batallas a gran escala y no escaramuzas como viene siendo habitual en los wargames a los que más tiempo dedico. Principalmente me atrae la idea de reunirme con el alto mando del ejército en un pabellón del campamento para decidir la estrategia a seguir; o sea, sentarse media hora en una cafetería con los compañeros de juego a decidir qué y cómo hacer las cosas.

Por cierto, el shako es el típico gorro de los soldados de la época, alto, cilíndrico y con visera, llamado en español chacó.
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