22 de octubre de 2010

Cómo adaptar sistemas entre sí - Introducción (1 de 10)

Una de las cosas que me gusta hacer en la intimidad de mi guarida friki es adaptar unos reglamentos a otros. Así puedo aprovechar y reciclar suplementos de otros juegos o adaptar reglas interesantes. En este artículo hablo de adaptar cosas desde el punto de vista técnico, o sea, centrándome en reglas y estadísticas, los asuntos trasfondísticos no los toco.

En la mayoría de los casos, las principales reglas en las que nos debemos concentrar cuando se adapta un juego son las que rodean a la creación de personajes. La mayoría de los sistemas admitirán casi sin problemas reglas que no afecten directamente a la creación de personajes. Por ejemplo, podemos importar casi sin modificar nada el sistema de rasgos de personalidad de Pendragon a cualquier juego de rol. Tampoco debería ser muy difícil incluir las tablas de críticos del Señor de los Anillos en otros juegos medievales.

Antes de profundizar hay que tener en cuenta que hay dos grandes categorías de sistemas de juego: los que van por niveles y los que no. Los primeros son aquellos en los que los personajes suelen tener un nivel y una o varias clases que determinan sus competencias. Este tipo de sistema es, desde mi punto de vista, el más rígido y el que menos posibilidades tiene adaptando personajes. Ejemplos de estos juegos de rol son los Dungeons and Dragons, el Rolemaster o la mayoría de los basados en D20.

Los otros, los que no se basan en niveles suelen ser mucho más flexible en el sentido en el que los personajes no tienen su carrera de aventurero tan delimitada desde el principio. En estos sistemas la clase de personaje (si es que hay) no suele condicionar tanto el avance de los personajes y permite que sean más a la carta.

Adaptar un juego que funciona por niveles a otro que funciona por niveles es sencillo, lo único que hay que hacer, groso modo, es rehacer el personaje adaptando el nivel. Tal vez no sea lo mismo un mago del Señor de los Anillos de nivel 10 y un mago del D&D de nivel 10, de acuerdo, pero en esencia seguirán teniendo la clase de mago en común y su nivel de poder es fácilmente mesurable.

Pasa lo mismo con los juegos que no tienen niveles ya que en estos el sistema no es tan rígido ni está todo tan milimetrado. En ellos los personajes en la misma campaña pueden tener entre ellos una buena diferencia de “puntos” repartidos en sus distintos atributos. Esto no suele dar muchos problemas a la hora de mantener la coherencia con las reglas.

Cuando hay que adaptar un juego de niveles a uno que no lo es estamos más o menos en el caso anterior. Ahora bien, si tenemos que adaptar por ejemplo un RuneQuest a un D&D, estamos metiéndonos en un pequeño follón.

Sea como fuere, el meollo de la cuestión está en la hoja de personaje. Si logramos adaptar la hoja de personaje al completo de un sistema a otro, tenemos la mayoría del trabajo hecho ya que en la mayoría de los juegos esta hoja suele hacer las veces de esquema sintetizado del resto del reglamento. Pero esto ya es algo que dejamos para la próxima entrega...
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