1 de octubre de 2010

La primera partida de rol

Tengo una teoría sobre las primeras partidas de rol. Además, es una teoría que se cumple casi siempre en la mayoría de los casos que he conocido a lo largo de 15 años como jugador y director de juego. El caso es que cuando uno juega por primera vez a rol siempre pasa lo mismo: por una parte no te enteras de nada de lo que pasa a tu alrededor, por otra, esta partida marcará tu futuro dentro de este hobby.

No he conocido a nadie (salvo quizá yo mismo) que se lo haya pasado bien en su primera sesión de rol. No es que nadie se lo pase nunca bien, es que el estado de confusión que produce esta primera partida le deja descolocado y no sabe muy bien si se ha divertido o no. Si pasa el tiempo y el jugador novel se queda indiferente es extremadamente poco probable que se convierta en un gran aficionado. Como mucho volverá a jugar por compromiso o a otras modalidades pesudo-roleras como juegos de ordenador tipo RPG o a juegos de cartas coleccionables.

Sin embargo, si este jugador en ciernes, este proto-rolero, al poco tiempo vuelve a interesarse por echar otra partida a eso del rol, entonces tendremos un nuevo adepto en nuestro hobby que tardará años en desengancharse en el mejor de los casos.

Y es que la primera vez que nos enfrentamos al paradigma de un juego de rol casi siempre es algo un poco traumático. Jugar a ser otro en un mundo construído a base de imaginación colectiva, con unas pocas reglas difusas y un tipo que dirige todo el asunto. Quizás es por el hecho de que es un juego en el que extrañamente nadie gana o pierde. O igual es por el hecho de que tienes que ponerte en contacto con ese niño interior que en la adolescencia tratas de dejar atrás. Puede ser que por esto mismo una vez pasada cierta edad ya es muy dificil engancharse a este mundillo, ya estás demasiado lejos de ese niño que una vez fuíste.
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