11 de abril de 2012

Anonymous y el terrorismo

Hace unas semanas charlaba con cierta gente sobre cómo la realidad habitualmente superaba la ficción con creces. En concreto hablábamos de juegos de rol, ambientaciones y otras frikadas, de como la historia suele ser bastante más hardcore que cualquier ficción.

Como aficionado a las distopías, no puedo evitar sentirme entre asustado y estupefacto, mientras la mala hostia va creciendo en la boca del estómago y leo cosas como alterar el orden público y hacer convocatorias para ello en Internet será delito de integración en organización criminal, que incluye cosas tan graciosas como esta:
El ministro ha anunciado que se incluirá como "delito de integración en organización criminal" alterar "gravemente el orden público" y concertar concentraciones violentas por cualquier medio de comunicación como Internet y las redes sociales.
No les bastaba con equiparar el bandalismo con el terrorismo (sí, así como suena), ahora resulta que quedar con un grupo de gente vía internet es susceptible de ser un delito, penado por las leyes creadas contra el terrorismo, claro. Más aún, el colectivo Anonymous pasaría a ser una organización terrorista de facto. Y sumando A y B, tuitear según que cosas, por ejemplo, sería un delito de colaboración con banda terrorista.

Si a esto le sumamos la Ley Sinde-Wert y la destrucción de la neutralidad en la red de la mano del clientelismo político con determinadas corporaciones, poco a poco vemos que internet va a terminar convirtiéndose en algo a medio camino entre un chat y un sistema coercitivo excepcional.

Bola extra: La resistencia pasiva será considerada atentado contra la autoridad + "para que haya más miedo al sistema".
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