27 de junio de 2012

La quintaesencia del coleccionista


Tiempo atrás, andaba yo con mi querida novia rebuscando en una tienda de saldos de una vetusta ciudad cuando nos encontramos con un Nº 2 de Batman, el cual no sólo tiene las partes 2 y 3 de la famosa y múltiples veces reedita historia Batman: Año Uno de Frank Miller (lo que me gustaba a mí) y una portada molona (lo que le gustaba a ella), sino una carta que llevaba siendo publicada tres años en diferentes cómics usamericanos.

Dicha carta, firmada por un tal Mark Delaney, explica a la perfección la quintaesencia del coleccionista de cómics. Si bien es un poco exagerado, hay que verlo desde el punto de vista estadounidense. Esta es la carta...
Debo estar loco.
Tengo en mis manos la copia mas perfecta del #18 de Batman (1943 Golden Age) que un coleccionista podría soñar poseer. Pagué por ella 175 dólares (el duro trabajo de cuatro días). ¿Estoy enfermo? ¡Que alguien me lo diga!
Mi problema comenzó cuando tenía nueve años de edad. Mi madre me daba un cuarto de dólar cada semana para mis gastos, y mientras mis hermanos se gastaban el dinero en dulces y refrescos, yo solo compraba dos cosas: Un dulce gigante de 10 centavos y un comic-book de doce centavos. Tratar de escoger el título, el único título que me iba a comprar en toda la semana, era siempre algo traumático.
Batman era mi personaje favorito, así que los comics protagonizados por él eran siempre mi primera elección.
El tiempo pasaba, yo compraba un Detective por aquí, un Justice League por allí…Mi paga aumentó, pero también aumentó el precio de las revistas, así que nunca pude comprarme todos los títulos que me gustaban.
Finalmente, cuando cumplí los 14 años, mi querida madre cogió la caja donde guardaba la colección .…y la tiró a la basura.
Aquello me dolió, pero no me destrozó el corazón. Después de todo, me dije a mi mismo, ya estoy muy mayorcito para leer comic-books.
Punto y Aparte.
Edad: 24 años. Estaba en casa enfermo, con fiebre…Mi novia me llamó, ofreciéndose para ser mi enfermera…y yo acepté.
Era una gran chica. Cuando me vio envuelto por las sabanas blancas, se ofreció para ir a la tienda de la esquina para comprarme alguna cosa. “¿Quieres una Seven-Up?” me preguntó. “¿O una naranjada?” “Cualquier cosa” dije yo, “cualquier cosa”... pero justo cuando se iba a marchar, algún pequeño demonio se pegó a mi lengua y la detuve un momento antes de que cerrara la puerta. “¡Eh!” dije, “una cosa mas. Traeme un comic-book de Batman… Ok?”
Ella se giró y miró extrañada, como si nunca hubiera oído la palabra “comic” en su vida... “¿Un que?” me dijo…”Un comic” repetí. “un Batman” “¿podrías conseguirme uno?..." “Bueno, esta bien...” me dijo.
Sucedió, desgraciadamente que mi chica no sabía demasiado de comics: Volvió con un Superman, un Flash y un She-Hulk.
Daba lo mismo, estaba enganchado de nuevo.
Pronto descubrí que existían librerías especializadas en comics, y cometí todo tipo de felonías hasta dar con ellas.
¿Y que fue lo primero que descubrí cuando cuando estuve en ellas?
Ta-daaa ¡¡Números atrasados!! ¡Bendita cuenta bancaria Batman! No solo podía comprar todas las novedades, sino también todos aquellos comics antiguos que mi madre había tirado.
Estaba en el cielo, emborrachado con el olor de la tinta y papel. La vida era Batman, Batman….¡Batman! En un año conseguí todos los números del 145 en adelante.
Y entonces...
La Golden Age. ¡Oh Dios mío! ¡En aquellos lugares tenían comics de la Golden Age! Me gasté solo en ellos 412 dólares en dos meses. Junto con el Batman #18 siguieron los números 7, 8, 9, 11, 14, 23... y un larguísimo etc... Llegaba a casa desde la librería con la sangre hirviendo, con el sentimiento de culpa que un alcohólico sentiría después de haber vendido el coche de la familia y haberse gastado el dinero en bebidas.
Tuve que empezar a controlarme.
Finalmente, fui capaz de contener el aliento y controlar mis gastos. Me forcé a mi mismo a frenarme, a comprar comics atrasados con menor frecuencia.
Aunque a veces un extraño tic viene a mi ojo derecho, y me encuentro a mi mismo firmando cheques por cantidades exorbitantes, soy en el fondo una persona completamente estable.
Lo soy...de verdad.
Mirando a la pared desde mi máquina de escribir veo dos piezas de arte originales. Son unas páginas muy bellas que pertenecen al número 526 de Detective Comics. Están dibujadas por Don Newton y Alfredo Alcalá. Una es la página 44 y la otra la página 46. Y sigo pensando…¿No sería bonito tener tener también la página 45? Así tendría un tríptico. Me pregunto... ¿Cuánto querrá el chico de la tienda de comics por ella...?
¡Doctor Ayúdemeee...!
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