19 de diciembre de 2012

Transhumanismo por necesidad


Puede parecer que tenga una fijación morbosa con la gente que pierde miembros, pero la verdad es que lo que me fascina es lo que se avanza en el campo de las prótesis biónicas. Es cierto que los ojos y oídos cibernéticos todavía no están muy desarrollados, pero las extremidades robóticas están cada vez más avanzadas.

"Cuando me pusieron el brazo", recuerda, "había una enfermera que jugaba a darme la mano. Una vez no controlé la fuerza, le apreté la mano y le hice sangre. Esto tiene mucha fuerza".
La diferencia entre una prótesis tradicional y una biónica, explica,  es que esta última registra lo que está ocurriendo en su entorno y toma una decisión. "Si vamos a bajar una cuesta empinada, la rodilla lo sabe por el peso o la flexión y responde dando más resistencia: se vuelve más dura y permite continuar con un paso normal". "La pierna piensa por mí", concluye, "Yo no la dirijo, simplemente camino".

Esto es como aquella campaña de marketing para Deus Ex: Human Revolutions sobre Sarif Industries... sólo que de verdad.

No puede mover su cuerpo ni los ojos, apenas respira como si se tratara de un ciborg al que han apagado el interruptor. "Os aseguro que no está haciendo teatro", afirma su neuróloga, María José Catalán. Un instante después vuelve a "encenderlo".
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