2 de enero de 2013

El hobbit, un viaje inesperado

Así debería haber sido Radagast el Pardo, Peter Jackson. ¡Avergüénzate y pide perdón!

Vista la ya película del año (del año pasado, se entiende), tengo que decir que me encantó. No todo es perfecto, claro: la vergüenza caminará al lado de Peter Jackson por los restos por esa caracterización infame de Radagast.

Al margen de la ignominia parda, algunas otras cosas que no me pitufaron del todo: un Thorogrim poco enanil (para guapos ya tenían a Fili y a Kili, ¿no?), un Saruman-Palpatine que mete miedo sin necesidad de ello (durante esa última actuación del Concilio Blanco Saruman es todavía neutral... bueno, no maligno en todo caso), el trasgo mensajero más propio de una fantasía harrypottiana que de una tolkeniana, un Azog manco (en vez de decapitado 150 años antes a manos de Dáin II Pie de Hierro)... Y la gran decepción: ¡Enanos sin capuchas de colores!

No obstante, la molonidad de la adaptación es alta, con esa intro contando la historia de Erebur y  la majestuosidad del último reino enano bajo la Montaña Solitaria, las batallas con los orcos, el no haber metido una historia de amor con calzador (¡gracias!), la caracterización de los enanos a lo Jim Henson, las canciones, Galadriel y Gandalf riéndose de Saruman y Elrond. ¡Y las piñas, por Eru! Esas piñas flamígeras que seguramente sean las antecesoras directas de las bellotas petrificadoras de Willow... 

Subiendo en grandiosidad tenemos la llegada de los enanos a Bolsón Cerrado y la escena del gran capítulo del que muchos recordamos el título aún habiéndolo leído hace 15 o 20 años: "Acertijos en la oscuridad". Aunque gente con la lectura más fresca me dicen que Gollum no sufre todavía su famoso desdoblamiento de personalidad, no empaña gran cosa la escena.

Pero no nos engañemos, estas cosas, buenas cosas todas ellas, no son más que el relleno de la verdadera estupendiosidad de la película: el awesómico Martin Freeman haciendo de Bilbo, el hobbit más hobbítico que haya sido filmado nunca. Martin Freeman -conocido por su papel de Watson en la serie Sherlock- ya actúo una vez de lastimero inglés fuera de sitio en la "Guía del autoestopista galáctico", con su bata, su té con pastas y su toalla (hay quien ve en ello un guiño al pañuelo del hobbit). Lo que viene siendo un hobbit, vamos. Y es que si los elfos son irlandeses y los enanos escoceses, indudablemente los hobbits son ingleses.
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