10 de octubre de 2016

Alquilar internet por horas

Escribo estas líneas en un teclado mecánico con las teclas descoloridas y gastadas, rodeado de gominolas Haribo, refrescos de malta, cabinas telefónicas y pósters de videojuegos de la pasada generación: estoy en un cyber. Mientras el dependiente está amenizando mi sesión con un ruidoso anime, yo me bajo algunos miles de archivos de un server ftp que por algún extraño motivo no he podido descargar desde mi portátil en casa.

Escribí las primeras entradas de este blog en un ciber también, hace 9 años, en mi etapa barcelonauta, mientras buscaba un piso más permanente que en el que estaba (que era "de prestado" y tenía que dejarlo a finalizar el mes). En aquel entonces era ya muy raro no disponer de una conexión casi permanente y los cybers ya había dejado de estar centrados en el Counter Strike para centrarse en ser locutorios.

El cyber que frecuentaba tenía una forma alargada, con baldosas amarillentas, escritorios reciclados y monitores de tubo de 15 pulgadas. Siempre olía a una mezcla de cuero y lejía. Su población estaba formada por el dependiente, varios amigos suyos, un skinhead (algo ya mayor para andar con bomber y botas militares), un músico de orquesta de algún país escandinavo y yo.

Hoy en día lo raro no es ir a un sitio y conectarte, sino lo contrario: ir a un sitio donde no hay cobertura.

La verdad es que estando allí entonces -igual que aquí hoy- por encima del ambiente rancio, la luz fría y artificial de los fluorescentes, la incomodidad de la silla, la falta de privacidad... no puedo evitar sentir cierto romanticismo ante la situación: alquilar un acceso a internet para entrar durante un rato al mundo virtual.

Ir a un local sórdido y alquilar un ordenador y acceso a internet por horas para mí es rememorar esa época en la que la red de redes era algo más extraordinario.

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