30 de mayo de 2017

Déjame salir (del cine)


Como podemos ver en este cartel publicitario, la crítica están poniendo de "hostia bendita" para arriba esta película con ínfulas de thriller psicológico y trasfondo racial...

Este fin de semana la fui a ver y si bien no resulta aburrida durante la mayor parte, en el último cuarto se viene todo abajo, con algunas importantes inconsistencias, para terminar desembocando en un final bastante horroso y con algo de trampa.

La historia trata del viaje que realiza una pareja para que él conozca a los padres de ella. La cuestión es que él es negro y ella blanca, lo que da pie a una serie de escenas en torno al racismo, a los prejuicios, la corrección política y al excusatio non petita, accusatio manifesta de rigor. Para no perdernos con tanta originalidad y que nos encontremos un poco más en terreno conocido, meten a un negro gracioso (otro negro, no el prota).

Atención, a partir de aquí hay spoilers. Avisados quedáis.


Resulta que la familia de la chica vive en una casita de campo con criados negros; que son los criados, sí, pero están muy contentos de serlo. Parece ser que toda la familia (menos el hermano rarito) son muy negrofriendly y así se lo hacen ver continuamente. Además la suegra resulta que es una hipnotizadora de alto nivel y con toda la buena intención de ayudar al futuro yerno le lanza un conjuro de Sugestión para que deje de fumar, así, de gratis y sin avisar.

Después de un par de sustos tramposos con los criados sospechosamente felices y una música de esas de chan-chan-chiiian para crisparte los nervios y que pienses "ay, ay, ay, que va a pasar algo malo", la familia da una fiesta con toda la basca, que resultan ser todos muy pro-negros también. "Ya sabe", dice uno de ellos, "que el negro está de moda".

Tras unas cuantas presentaciones socialmente incómodas, resulta que se encuentra con otro afroamericano, pero rarito y que parece que se haya tragado media caja de diazepanes. Unos minutos más tarde "despertará" tras tirarle una foto con flash... como para dejarte intrigado y te preguntes "¿qué les estarán haciendo a esta gente?".

Nuestro prota, sospechando cosas raras, llama a su colega gracioso y empiezan a desarrollar teorías sobre esclavos sexuales y tal. Con la paranoia empieza a hacer la maleta para pirarse con su novia y hete aquí que se encuentra unas fotos de su chica con el negro rarito. Y con el criado. Y con la criada. Y empieza a atar cabos.

A estas alturas de la peli ya hemos disipado la única duda que teníamos: si la novia estaba o no en el ajo. El chaval que ahora empieza a ponerse violento con eso de escapar y tal, cae ante la suegra que no sólo le había echado un Sugestión, sino también un Geas/Empeño y con el tintineo de la cucharilla de café contra la taza le hace dormir. ¿Y porqué le llevan de fiesta y le dan tiempo para que sospeche y pueda hablar con su colega el gracioso, pudiendo dejarle incapacitado desde el principio? Obvio: de haberlo hecho así sólo daría para un corto.

A partir de aquí la cosa empieza a ponerse turbia. El protagonista despierta atado a un sillón con una tele en frente, donde un señor mayor empieza darle la chapa. Según cuenta, su familia ha perfeccionado una disciplina que mezclando hipnosis y neurocirugía permite el transplante de cerebros. Explica que como los negros son físicamente superiores, es lógico usar especímenes afroamericanos como receptores de los cerebros de los viejos blancos que ansían la inmortalidad...

Y mientras tiran por la borda toda la cuestión racista que llevaban construyendo (bastante mal) durante toda la película, te preguntas si no hubiera sido mejor la opción de los esclavos sexuales.

Por supuesto el prota escapa, que para algo es el prota. Y hay muerte y venganza por doquier. E incluso hay un incendio fortuito que acaba con todo.

Pero aquí no acaba la cosa. Resulta que la criada que el prota ha rescatado tras atropellarla al escapar ¡es la puta abuela! Y claro, el enorme jardinero negro es el abuelo (se entiende que en su búsqueda de la inmortalidad, los abuelos escojen reencarnarse como los criados). Este inconveniente produce algunos forcejeos y muertes más, seguido de un final más o menos feliz, fundido en negro y ya.

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La conclusión final es que no os fieis de la crítica. Bueno, y que los esclavos sexuales siempre son mejores que los ladrones de cuerpos, claro.
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