25 de mayo de 2017

Don't Panic, el día de la toalla y la corrupción de lo friki


Esta mañana he estado leyendo la reflexión que hacía en 2010 en este mismo blog sobre lo friki y su creciente popularidad. Aunque los años me han hecho un poco menos vehemente en mis planteamientos, sigo estando de acuerdo en que la excesiva comercialización de lo friki puede llegar a ser un problema (un poco lo mismo que pasa con la música).

Un buen ejemplo fácil de entender, es D&D 4ª, donde se pasaron tanto de frenada con esto de tratar de atraer a nuevos compradores (jugadores del wow, por ejemplo) que tuvieron que rectificar unos pocos años después. Lo hicieron tan jodidamente mal que el impacto se sintió en todo el ecosistema de los juegos de rol (uno de los sectores más duros en el mundo friki) de manera importante. Y sí, gracias a esa cagada concreta nació Pathfinder como juego de rol independiente, pero no nos confundamos: eso no fue un mérito de WotC y su excesiva ambición comercial.

Cuando algunos como yo criticamos la excesiva popularidad de lo friki no es por posturismo hater, sino porque tememos que el entorno profesional centre sus esfuerzos en otro D&D 4ª.

Esto no es un alegato contra la evolución del entorno, es un rechazo contra la popularidad cuando se convierte en un incentivo perverso. La popularidad de lo friki ha dado sus beneficiosos frutos en campos como el de las series, pero nótese que las buenas series frikis siguen el paradigma "que se joda el espectador medio": por mucha súper producción que sea Juego de Tronos, sigue siendo un producto de nicho.

El cine del universo de Marvel puede parecer ser la excepción a esta norma, haciendo cine muy comercial pero que se adapta muy bien a la fuente original. Lo que pasa es que este caso es un poco especial: los cómics siempre fueron productos muy comerciales destinados al consumo masivo. Se consideran cosas de frikis aquí, pero en su mercado de origen los tebeos de los Vengadores o los X-Men forman parte de su cultura popular tanto como aquí Mortadelo y Filemón.

En fin, dicho todo esto, disfrutemos de nuestros frikismos particulares y sigamos rezando a los dioses que correspondan para que las mentes tras ellos no se corrompan (que parece que está funcionando). Si en aquellos días decía que todo esto traía más desventajas que ventajas, hoy sí creo que el balance está siendo positivo.
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