16 de febrero de 2018

El don de Vorace

Escrita cuando su autor tenía sólo 17 años, El don de Vorace es una novela corta absorvente y surrealista. Es difícil describirla con palabras sin caer en la pedantería del crítico de foro. Trata de un tipo que descubre tras un intento de suicidio, para su desgracia, que es inmortal. Cuando leí la sinopsis pensé en los claros paralelismos con el delicioso cómic Johnny el Maniaco Homicida, una obra de la que me avergüenza no haber escrito nada todavía en este blog. Obviamente no pude resistir a leerla.



La historia, por cierto, transcurre en España, en algún momento del último tercio del S. XX y aunque las pocas referencias del texto a mí en particular no me dicen mucho del marco temporal, estoy razonablemente seguro que sucede durante los años 70.

Para muestra del tipo de texto que es, reproduzco aquí el capítulo 35.

El vuelo de un mosquito tensa y distiende mis ya rotos nervios. Posa sus patas negras en los gruesos labios de Hendrix. En mi estómago croa un ejército de ranas, tenga la sensación de ser un zar aburrido, un káiser sin uniforme, un papa en un burdel. Vomito sobre mi propio pecho con el recuerdo del perro y la vieja. El cuarto huele a yerba. La gran Sensación ronda por mi cabeza, el campanilleo del sexo de una araña que ata con su largo hilo las patas de mi cama. Cada poro de mi piel es una celdilla, las abejas me picotean dulcemente. El laberinto se enreda. Las escaleras de caracol conducen a una puerta de acero, por su rendija se escapa la luz. Graniza con fuerza ante mis ojos. Las calles parece piernas de mulata, un sudor frío las recorre, los anuncios son pozos de semen fosforescente, mi ombligo la tarántula sáxea, el instestino una enredadera que se anuda a los dientes, bebo colonia, con una cucharilla golpeo el yelmo de mi cabeza. ¿Quién habitará ahora la habitación  de las difuntas Beltrán? El fantasma de Débora niña me enseña la lengua, está llena de moho como creo que la tuve yo alguna vez. Sus axilas siguen oliendo a rosas de estercolero. Osiris escapa de la librería sin dueña, todos entran en el pozo. El profesor de paleontología busca un nuevo pene en las latas de basura, encuentra uno de mariposa y se lo incrusta al instante. La puerta de acero comienza a abrirse, un sol enorme se derrama por la escalera de caracol, mi cabeza es la cucaracha ahogada en la flema de mi espectro.

Y así sigue durante 120 páginas más o menos, aunque hay capítulos donde las cosas tienen más sentido y se puede seguir una historia.

Al autor, Félix Francisco Casanova, se le tiene por una especie de Rimbaud español, supongo que por el aura de poeta maldito que se gastaba escribiendo lo que escribía y por morirse a los 20 años el chaval.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...