2 de mayo de 2018

La distopía que viene

Acabo de ver el capítulo Autofac de Philip K. Dick's Electric Dreams donde se trata una situación post-apocalíptica debido en parte a una IA, un capítulo con sus más y sus menos y hacia el final nos descubre que se guardaba algunos ases en la manga.

Sea como fuere, la hipérbole que inicia el capítulo es muy lejana, pero no por ello deja de ser interesante pensar el momento en el que las máquinas y las IAs empiecen a sustituir de forma masiva primero e incontrolable después los procesos productos humanos. Permitidme aclarar que no es que me haya convertido en un neo-ludista de repente, sino que soy un firme partidario del progreso tecnológico en general, aunque reconozco que se producirán retos sociales importantes que hay que saber afrontar.

Lo que creo es que la propiedad de las máquinas debería estar regulado de tal forma que a medida que los robots industriales, las IAs y la cibernética vaya eliminando puestos de trabajo, haya suficientes recursos públicos para que la gente no sea desahuciada del terreno laboral sin más. Hablando en plata que los robots paguen impuestos para financiar una RBU. Pero claro, esto sería una utopía y yo tiendo a pensar más bien en la distopía... y eso que vivo en uno de los mejores lugares de este planeta para vivir: un país de la vieja Europa.

Antes de plantearse una especie de socialismo cibernético utópico en el que la población se beneficie en masa de la producción automatizada y ultra-eficiente (algo que creo honestamente que terminará llegando dentro de muchas décadas sino unos pocos siglos), antes hay que pagar el peaje en forma de neo-feudalismo...

El mundo que viene va a ser jodido de narices, lleno de crisis económicas y sociales de todo alcance y poco a poco empieza a materializarse. Han bastado unas pocas décadas desde la caída del muro de Berlín para que la gente se haya apoltronado del todo y haya olvidado el espíritu de la lucha de clases. De otro lado, una vez confirmado que no existe ningún peligro rojo que amenace a las economías de mercado, las máscaras que se habían empezado a caer en los 80 ya apenas tapan nada. Al final resulta que el Estado del Bienestar no existía, sino que eran los padres, que todo fue un teatro y parece que estamos en la última escena.

Más aún, muchos países orientales antes relegados a ser las maquilas de occidente hoy no es que reclamen su parte del pastel, ¡resulta que se han abierto su propia pastelería! Pero lo más dramático es que los clientes de la pastelerías orientales están acostumbrados a otras normas y son mucho menos exigentes.

Por ejemplo, China está implementando un sistema de "puntuaje de crédito social" que parece sacado de Black Mirror (bueno, de hecho... Nosedive) y visto lo visto, está empezando a tener un resultado temible.

Vale que ahora mismo es una herramienta más de censura política y no es más que la vieja fórmula de estado autoritario + control social, pero de hecho el problema es que en un futuro no muy lejano no hace falta que sea una dictadura la que haga eso, sino que en el "mundo libre y democrático" una corporación suficientemente grande puede llegar a suponer un problema similar. No es un tema tan imposible como parece.

Pongamos un futuro cercano en el que los gigantes tecnológicos (Facebook, Apple o Amazon por ejemplo) han dado algunos pasos más y han adquirido una posición abierta y dominante en algunos mercados como banca comercial, farmacéuticas, hospitales, bienes inmuebles, telecomunicaciones o gestión de coches autónomos (negocios donde tienen metidos sus tentáculos bursátiles desde hace años). ¿Qué impediría que estas corporaciones vetaran a sus clientes en función de algún tipo de "crédito social"?

Los estados pensareis algunos. Ya. Los mismos estados que llevan siendo manipulados por el gran capital desde que existe la democracia, ¿no?

Pues eso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...