23 de noviembre de 2018

El cyberpunk es ahora

Llevamos años leyendo acerca de que el cyberpunk es algo del presente, del día a día. Hay muchos elementos que hace poco serían considerados de ciencia ficción, que se han popularizado a gran velocidad. Otros, aunque no sean accesibles a todo el mundo, están mucho más cerca de nosotros que de las novelas cyberpunk.

No hace falta irnos a que tenemos implantes cibernéticos cada vez más funcionales e incluso gente que son considerada ya como los primeros ciborgs, simplemente tenemos que pensar en cosas más profanas y cercanas a todo el mundo, como la electrónica de consumo. Todos llevamos ordenadores de bolsillo, estamos conectados permanentemente a internet y llevamos dispositivos conectados por bluetooth a otros dispositivos, y lo hacemos sin ser conscientes realmente de lo que esto supondría hace 20 años.

Estos días se han empezado a presentar los primeros teléfonos móviles con pantallas flexibles y aunque la mayoría están lejos del objetivo, seguramente en 2 años serán algo bastante común. Pasará que la gente los usará para leer el periódico o jugar al Candy Crush de turno, pero eso no lo hace menos fantástico. 

Otro de los avances tecnológicos que estoy siguiendo de cerca, muy alejado de la electrónica de consumo, es el de la exploración espacial. Parece ser que estamos viviendo una edad de plata en esto de lanzar cohetes y hace poco escuchaba en un podcast como la agencia espacial japonesa estaba previendo poder mantener un ritmo de uno o dos lanzamientos semanales. Otras agencias tienen calendarios similares, lo que hace que haya bastantes empresas, públicas y privadas, poniendo satélites ahí arriba. Si lo miramos con la perspectiva adecuada lo que podemos ver es un planeta estableciendo sus primeros espacio-puertos.

En otros campos relacionados con lo cyberpunk, conceptos como el de "high-tech, low-life" siguen tan presentes como siempre. De vez en cuando me viene a la mente una charla TED en la que un ingeniero africano hablaba de tecnología e innovación y explicaba que donde estaba habiendo una verdadera revolución era en los países del tercer mundo que usaban tecnología para sobrevivir que en los industrializado y ricos países occidentales se destina al ocio. Aunque esta aseveración no vaya en el mismo sentido que el "high-tec, low-life" del cyberpunk, desde luego el fondo termina siendo el mismo: hay lugares donde el nivel socioeconómico es una mierda pero la tecnología moderna es suficientemente barata como para ser ampliamente utilizada.

Puede que todo esto sea un poco fliparse, vale, pero es una sensación que tengo de modo más o menos continuo desde hace tiempo, con algunos momentos de exaltación como cuando me vino a la cabeza la idea de los espacio-puertos, algo que está pasando, en mi planeta, aquí y ahora.

Escapar del espionaje en un mundo distópico

Hoy en día vivimos con estupor como el espionaje masivo de estados y multinacionales nos cerca cada vez más. Los que vivimos en los ricos y liberales países occidentales tal vez no tengamos que lidiar con el acoso estatal como les pasa al emergente imperio chino, pero puede ser cuestión de tiempo. No en vano varias multinacionales y poderes gubernamentales, nacionales, internacionales y supranacionales tienen puestas las miras en lo que hacemos cada uno de nosotros. Los primeros para aprovechar ese maná caído del cielo que son los vacíos legales que les permiten cosechar, procesar y vender información, el resto porque pueden (y deben) si no quieren quedarse atrás en las labores de inteligencia estratégica.

Además, aunque esto no sea China, cada vez tenemos una población más proclive a renunciar a su privacidad a cambio de su seguridad, múltiples leyes anti-terroristas lo abalan. No sé hasta qué punto es necesario que los estados violen la privacidad de sus ciudadanos como forma de prevenir males mayores, pero intuyo que no debería hacerse "por defecto".

No hace falta ir a los millones de cámaras que vigilan a la población inglesa, uno de los país que probablemente más controla a su ciudadanos, en España por virtud de las leyes anti-terrorismo es ilegal adquirir una tarjeta SIM sin que esta quede vinculada inequívocamente a tu Documental Nacional de Identidad. Hecho esto, y teniendo en cuenta que la operadora de telefonía que te ofrece cobertura telefónica y datos haciendo ping cada pocos minutos en las antenas más cercanas, todos los que tenemos un teléfono móvil en el bolsillo estamos geolocalizados en todo momento y con muy poco margen de error. Que esta vigilancia no se use activamente para nada hoy por hoy es valadí, el punto al que quiero llegar es que esta tecnología existe y se puede usar bajo demanda.

Si bien los estados tiene capacidad para acceder a esos datos, las que los recolectan son las corporaciones, las cuales no sólo tienen, sino que hacen uso de los mismos. Aunque sea para temas relativamente inocuos como fomentar el consumismo, tengamos presente que también hay ejemplos recientes de cómo nos manipulan para favorecer candidatos políticos. No, el manejo de datos por parte de las corporaciones tampoco es inocente y carente de impacto en nuestra vida a niveles muy profundos.

Estando así las cosas, ¿qué podemos hacer nosotros para tratar de alejarnos de ello sin convertirnos en una versión moderna de Unabomber? Si lo pensamos bien la verdad es que bien poco, ya que la penetración de las redes sociales en todos y todo es una especie de red de vasos comunicantes: lo que tú no cuentes podrá ser inferido gracias a la información que proveen otros usuarios cercanos a tí. Aún con todo, queriendo imbuirnos de espíritu cyberpunk, ¿cómo haríamos para ponerselo un poco más difícil a estados y corporaciones? La respuesta está en fortificar nuestro punto más débil, el teléfono móvil.

Es un camino en duro de transitar para el usuario medio, más por la necesidad de consumir tecnología nueva que por las dificultades técnicas. El primer paso que debemos dar es seguramente asumir que no podremos estar a la última constantemente porque hay que renunciar a las soluciones empaquetadas de los fabricantes. Efectivamente, hay que renunciar a las versiones comerciales de Android y a iOS. Hay que pasarse a algunas de las múltiples sistemas operativos de libre distribución (basados en Android normalmente), renunciar a muchas de las apps que usamos normalmente, vinculadas a esas corporaciones de las que hablábamos.

Y más aún, si queremos privacidad de verdad hay que renunciar incluso a la red de telefonía móvil y a tener una tarjeta SIM, ya que la compañía telefónica tiene que geolocalizarte sí o sí para poder funcionar. La única solución plausible, en realidad, es renunciar al teléfono móvil como tal, verlo únicamente como un ordenador de bolsillo desconectado de internet. Tal vez podamos fortificarlo y acceder a alguna red wifi de confianza, pero nunca a una pública (algo notoriamente inseguro, no porque McDonalds tenga malas intenciones, sino porque no es descabellado pensar que alguien puede hacerse pasar por McDonalds).

Seguramente lo más recomendable sea disponer de un móvil con software libre y seguro, desconectado de internet y sin tarjeta SIM para usar como ordenador de bolsillo, y de otro con la conectividad habitual que sólo usemos para lo básico y que podamos "olvidar" en casa siempre que sea necesario. Por ejemplo, si vamos a acudir a una manifestación y no queremos que se nos vincule con ello, lo mejor es no llevar el móvil encima. Que en nuestro país no haya ningún problema legal con cualquier tipo de manifestación ideológica, no quiere decir que tarde o temprano terminemos pisando un país donde apoyar ciertas ideas esté prohibido (o que en el nuestro cambien las leyes). En ese momento tu historial se convertirá en tus antecendentes y puede estar jodido.

Ante el espionaje por defecto de gobiernos y corporaciones: software libre, criptografía y prevención.

22 de noviembre de 2018

Cualquier cosa que digas podrá ser usado para hacerte un perfil ideológico

Según leo hoy en diversos medios, la nueva Ley de Protección de Datos incluye unos cuantos puntos que nos ayudarán a dar un nuevo pasito hacia la orwelliana distopía a la que nos encaminamos poco a poco, sin prisa pero sin pausa.

El caso es que ahora los partidos políticos van a poder rastrear tu información en las redes sociales y hacer perfiles ideológicos de los ciudadanos con la sana intención de hacer propaganda electoral. Aún asumiendo que no haya malévolas intenciones detrás, esto es de por sí malo, muy malo. No tanto por el molestísimo spam, sino porque va a reforzar los sesgos del personal, ampliando las realidades desinformadas en las que cada uno vive y aislando a la gente en sus burbujas ideológicas. Algo terriblemente insano, que ataca a la línea de flotación del pensamiento crítico y condena a sectores importantes de la población a ser pastoreada por 4 estrategas con carné de político.

Por otro lado esto no dejará de ser una base de datos en las que relacionar ciudadanos y sus ideologías con todas sus consecuencias. No hace falta ser muy listo para imaginarse escenarios en los que algún partido político pudiera tomar replesarias contra sus contrarios... No creo que sea algo que esté ni siquiera cerca de pasar en Europa, pero todo podría ser con el tiempo. La cuestión es, ¿porqué arriesgarse? ¿Porqué dar ese poder a los políticos?

La consecuencia directa del spam electoral es que los partidos podrán tener un perfil ideológico basado en información que tú no les has dado directamente, sino que ellos han inferido automáticamente a través de tus publicaciones en internet.

¿Y tú que piensas sobre esto, ciudadano?

Se puede leer más, por ejemplo, en Cinco prácticas que serán legales para los partidos en España tras la aprobación del spam electoral y en Habemus nueva LOPD. No copypasteo nada de la noticia que lo mismo me convierto en un objetivo denunciable ahora o en un futuro cercano gracias a la leyes de protección de datos europeas, que también tienen lo suyo.

17 de noviembre de 2018

Viendo Ash vs Evil Dead en una cafetería

Estoy desayunando en una cafetería de barrio decorada a base de madera, ladrillo y cultura pop. El ambiente es una mezcla de cafes exprés, tinteno de monedas, ruido de vajilla y música jazz. Es el típico local con dos puertas, así que hay corriente y hace un poco de frío, pero es lo que toca a estas alturas del año.

Mientras pasan a mí alrededor bocadillos y cafés estoy viendo en el móvil Ash vs Evil Dead. Tengo todos los capítulos que me quedan por ver descargados, de modo que no tengo que gastar una buena cantidad de datos para verlos online. La verdad es que con los móviles y tarifas actuales es normal que la gente esté dejando de comprar portátiles y ordenadores de sobremesa: todo el mundo se mueve hacia el dispositivo único, que tiene que ser por fuerza portátil.

Pensando sobre esto, aunque no pueda prescindir del ordenador por cuestiones laborales sí que estoy usando mucho más el móvil. A veces incluso uso Spotify, Netflix o YouTube directamente desde aquí, estando haciendo otras cosas con el ordenador (y digo desde aquí porque este post lo estoy escribiendo desde el móvil).

Tal vez debería darle una vuelta a la idea de montarme un dock station en casa y buscar usar ese dispositivo único. Después de todo para el trabajo en la oficina tendré un ordenador dedicado. Hace años, cuando vivía en un piso compartido y el espacio era un bien preciado, estuve usando durante bastante tiempo un ultraportátil Asus Eee como dispositivo en un escenario de trabajo similar y resultó bastante bien. Tengo que darle una vuelta...

15 de noviembre de 2018

Sobre la interpretación en los juegos de rol


Después de  años de charlas sobre interpretación en los juegos de rol estoy empezando a pensar que mi concepto de interpretar es distinto al de otra gente. No es que sea distinto, sino que usamos distintas acepciones del término:

interpretar
Del lat. interpretāri.

1. tr. Explicar o declarar el sentido de algo, y principalmente el de un texto.
2. tr. Traducir algo de una lengua a otra, sobre todo cuando se hace oralmente.
3. tr. Explicar acciones, dichos o sucesos que pueden ser entendidos de diferentes modos.
4. tr. Concebir, ordenar o expresar de un modo personal la realidad.
5. tr. Representar una obra teatral, cinematográfica, etc.
6. tr. Ejecutar una pieza musical mediante canto o instrumentos.
7. tr. Ejecutar un baile con propósito artístico y siguiendo pautas coreográficas.
8. tr. Der. Determinar el significado y alcance de las normas jurídicas.

De las 8 acepciones yo suelo estar mucho más cerca de la primera acepción mientras que en la mayoría de los casos la gente asume la quinta, mucho más cercana a la mímesis de la que gustan muchos jugadores.

Interpretación o actuación

Yo veo dos formas de encarar esto: poner el foco en lo que haría el personaje o en cómo lo haría. Podría parecer que lo segundo incluye lo primero, pero no necesariamente ya que si tenemos como prioridad los cómos puede que los porqués queden diluídos o tengan poca importancia.

Pongamos un ejemplo. En una partida un grupo de jugadores llega a la recepción del hotel. Una mesa de juego puede centrarse en actuar como lo harían sus personajes, entablando diálogo con los PNJs que anden por allí y centrándose en pequeños detalles que enriquecen la personalidad de los PJs. De esta forma un personaje podría interpretar las manías personales con las que atormanta al personal del hotel, dedicando unos minutos al placer de la 5ª acepción.

Sin embargo otra mesa de juego puede ver este tipo de actuación como algo accesorio, resolviendo la escena de la llegada al hotel con una serie de anotaciones por parte de los jugadores sobre lo que quieren cada uno de sus personajes primando lo pragmático sobre lo artístico.

Yo me encontraría sentado seguramente en la segunda mesa, porque aunque no rechace lo primero, no tengo tanta inclinación por las artes escénicas, sino que disfruto más con la construcción de la historia en sí misma.

Cómo afectan las reglas a la interpretación

Desde mi punto de vista, cuanto más genéricas, completas y coherentes sean las reglas mejor, ya que mayor profundidad de reglas lleva forzosamente a una interpretación más realista y equilibrada.

No es que un juego con reglas ligeras o deliberadamente abiertas tenga porqué resultar en una interpretación peor, sino que -al menos a mí- genera una sensación de que "todo vale" en partida con tal de que quede chulo que está muy bien para one-shots, pero para un desarrollo largo no creo que sea adecuado (y por largo me refiero a meses o años, no a 4 o 5 sesiones).

Tal vez por eso sea fan del Sistema Narrativo de Mundo de Tinieblas (*). Al ser un sistema que intenta cuadrar con reglas practicamente todos los aspectos que se puedan interpretar en partida, produce personajes muy bien definidos y coherentes a poco que apliques un poco de sentido común. Y lo mismo lo aplico a otros juegos como CdB Engine, Kult y GURPS, juegos todos ellos que incluyen reglas para aspectos sociales o trasfondísticos.

¿Quieres diseñar un personaje que es un veterano profesor universitario especializado en ciencias ocultas de la Edad Media europea? Justifícalo gastándote los puntos en una serie de rasgos que acompañen dicho trasfondo y no sólo poniendo un par de habilidades y escribiendo un párrafo (o 5 páginas) de historia. Invierte puntos en contactos en varios sitios de Europa, en una posición económica mediadamente desahogada, en habilidades extrañas (aunque luego no tengan utilidad casi nunca) y tal vez en alguna ventaja menor de tipo sobrenatural. ¿Te faltan puntos? Tal vez debas sacrificar otros aspecto del personaje más útiles para la partida pero menos trasfondísticos. O tal vez el personaje que estás diseñando está mucho más allá del nivel medio del resto del grupo.

Para mí la construcción del personaje de una forma coherente y ajustada al trasfondo forma parte de la interpretación del mismo modo que seleccionar unas miniaturas concretas y no otras, pintarlas con esquemas de color precisos y utilizar las estrategias adecuadas forman parte del concepto "ejército trasfondístico" en un wargame.

¿Mímesis o diégesis?

A veces se encuentran estos dos términos enfrentados, como si fueran los dos caminos obvios, equiparando mímesis a interpretación (según la quinta acepción) y diégesis con narración y no sé que tan preciso es esto.

Asumiendo que diégesis es tanto el mundo ficticio donde pasa algo como el acto de contar ese algo, aplicado a los juegos de rol a mí me suena a rol dirigista. Estoy alineado a ese facción que opina que si la historia del máster es tan importante que debe forzarse a los jugadores a seguir un curso determinado, entonces ese máster no quiere jugar a rol, quiere escribir novelas.

Por otro lado si consideramos que la diégesis aplicada a los juegos de rol es algo más abierto y que viene a significar el acto de construir una historia de forma conjunta entre todos los jugadores, entonces la mímesis forma parte del proceso, ergo no tiene sentido confrontar ambos conceptos.

Entonces, ¿cómo hay que interpretar la interpretación?

Pues como viendo siendo habitual en esto de los juegos de rol como cada mesa quiera. Me gusta hacer incapié en lo importante que es variar de mesas de juego para conocer otros enfoques del hobby. Lo mismo terminas donde nunca pensaste que lo harías: ya sea jugando con miniaturas o buscando el próximo rol en vivo que caiga cerca de tu ciudad...

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* Soy consciente de que Sistema Narrativo y realismo puede parecer un oxímoron.Años de muchkineo y superhéroes con colmillos han proyectado una visión del Sistema Narrativo entre los jugadores que creo que no es muy justa, pero explicar este punto en concreto es harina de otro costal que me lo apunto para una ocasión futura.

12 de noviembre de 2018

Excelsior!


A estas alturas del día, pasadas unas horas desde la fatídica noticia, ya lo sabe todo el mundo: Stan Lee, uno de los mayores pilares del mundo de los cómics de superhéroes y por lo tanto de la cultura pop de Occidente, ha muerto. Poco puedo decir que no se haya dicho ya o que no se encuentre a golpe de click.

Fue el primer nombre propio que recuerdo asociar a los tebeos americanos, hasta el punto de pensar que "Stan Lee Presenta" era la editorial original ya que en España se publicaban según la época bao distintos sellos: Vértice, Forum, Marvel... en fin, cosas que pensaba cuando era un crío y mis tebeos eran una mezcla de herencias y regalos que me hacían cuando enfermaba.

El caso es que si me pongo a pensar en mis primeros cómics de superhéroes me vienen a la mente rápidamente dos recopilatorios de tiras de prensa de Spiderman firmados nada más y nada menos que por Stan Lee y John Romita. Este en concreto, el 16, lo leí montones de veces.


Era un tebeo en el que varios enemigos de Spiderman le tienden una trampa para encerrarlo y gasearlo hasta la muerte, pero afortunadamente Spidey logra salvarse por los pelos.

Stan Lee se hizo famoso entre los muggles al final de su vida gracias a los cameos en las pelis de superhéroes, pero para los que crecimos leyendo sus tebeos su nombre era una runa que nos indicaba que pisábamos el terreno adecuado.

Se ha ido un hombre, pero sus historias permanecerán vivas en nuestra cultura. Tal vez con los años este legado se convierta en leyenda. Y la leyenda en mito. Y entonces se habrá completado el círculo.
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