23 de noviembre de 2018

Escapar del espionaje en un mundo distópico

Hoy en día vivimos con estupor como el espionaje masivo de estados y multinacionales nos cerca cada vez más. Los que vivimos en los ricos y liberales países occidentales tal vez no tengamos que lidiar con el acoso estatal como les pasa al emergente imperio chino, pero puede ser cuestión de tiempo. No en vano varias multinacionales y poderes gubernamentales, nacionales, internacionales y supranacionales tienen puestas las miras en lo que hacemos cada uno de nosotros. Los primeros para aprovechar ese maná caído del cielo que son los vacíos legales que les permiten cosechar, procesar y vender información, el resto porque pueden (y deben) si no quieren quedarse atrás en las labores de inteligencia estratégica.

Además, aunque esto no sea China, cada vez tenemos una población más proclive a renunciar a su privacidad a cambio de su seguridad, múltiples leyes anti-terroristas lo abalan. No sé hasta qué punto es necesario que los estados violen la privacidad de sus ciudadanos como forma de prevenir males mayores, pero intuyo que no debería hacerse "por defecto".

No hace falta ir a los millones de cámaras que vigilan a la población inglesa, uno de los país que probablemente más controla a su ciudadanos, en España por virtud de las leyes anti-terrorismo es ilegal adquirir una tarjeta SIM sin que esta quede vinculada inequívocamente a tu Documental Nacional de Identidad. Hecho esto, y teniendo en cuenta que la operadora de telefonía que te ofrece cobertura telefónica y datos haciendo ping cada pocos minutos en las antenas más cercanas, todos los que tenemos un teléfono móvil en el bolsillo estamos geolocalizados en todo momento y con muy poco margen de error. Que esta vigilancia no se use activamente para nada hoy por hoy es valadí, el punto al que quiero llegar es que esta tecnología existe y se puede usar bajo demanda.

Si bien los estados tiene capacidad para acceder a esos datos, las que los recolectan son las corporaciones, las cuales no sólo tienen, sino que hacen uso de los mismos. Aunque sea para temas relativamente inocuos como fomentar el consumismo, tengamos presente que también hay ejemplos recientes de cómo nos manipulan para favorecer candidatos políticos. No, el manejo de datos por parte de las corporaciones tampoco es inocente y carente de impacto en nuestra vida a niveles muy profundos.

Estando así las cosas, ¿qué podemos hacer nosotros para tratar de alejarnos de ello sin convertirnos en una versión moderna de Unabomber? Si lo pensamos bien la verdad es que bien poco, ya que la penetración de las redes sociales en todos y todo es una especie de red de vasos comunicantes: lo que tú no cuentes podrá ser inferido gracias a la información que proveen otros usuarios cercanos a tí. Aún con todo, queriendo imbuirnos de espíritu cyberpunk, ¿cómo haríamos para ponerselo un poco más difícil a estados y corporaciones? La respuesta está en fortificar nuestro punto más débil, el teléfono móvil.

Es un camino en duro de transitar para el usuario medio, más por la necesidad de consumir tecnología nueva que por las dificultades técnicas. El primer paso que debemos dar es seguramente asumir que no podremos estar a la última constantemente porque hay que renunciar a las soluciones empaquetadas de los fabricantes. Efectivamente, hay que renunciar a las versiones comerciales de Android y a iOS. Hay que pasarse a algunas de las múltiples sistemas operativos de libre distribución (basados en Android normalmente), renunciar a muchas de las apps que usamos normalmente, vinculadas a esas corporaciones de las que hablábamos.

Y más aún, si queremos privacidad de verdad hay que renunciar incluso a la red de telefonía móvil y a tener una tarjeta SIM, ya que la compañía telefónica tiene que geolocalizarte sí o sí para poder funcionar. La única solución plausible, en realidad, es renunciar al teléfono móvil como tal, verlo únicamente como un ordenador de bolsillo desconectado de internet. Tal vez podamos fortificarlo y acceder a alguna red wifi de confianza, pero nunca a una pública (algo notoriamente inseguro, no porque McDonalds tenga malas intenciones, sino porque no es descabellado pensar que alguien puede hacerse pasar por McDonalds).

Seguramente lo más recomendable sea disponer de un móvil con software libre y seguro, desconectado de internet y sin tarjeta SIM para usar como ordenador de bolsillo, y de otro con la conectividad habitual que sólo usemos para lo básico y que podamos "olvidar" en casa siempre que sea necesario. Por ejemplo, si vamos a acudir a una manifestación y no queremos que se nos vincule con ello, lo mejor es no llevar el móvil encima. Que en nuestro país no haya ningún problema legal con cualquier tipo de manifestación ideológica, no quiere decir que tarde o temprano terminemos pisando un país donde apoyar ciertas ideas esté prohibido (o que en el nuestro cambien las leyes). En ese momento tu historial se convertirá en tus antecendentes y puede estar jodido.

Ante el espionaje por defecto de gobiernos y corporaciones: software libre, criptografía y prevención.

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