4 de diciembre de 2018

No tengo boca y debo gritar


Allí estaba, en un saliente sobre nosotros: el pájaro de los vientos que latía con su
propia respiración irregular, su cuello de serpiente se arqueaba dirigiéndose a los lugares
sombríos situados por debajo del polo Norte, sosteniendo una cabeza tan grande como
una mansión estilo Tudor, con un pico que se abría lentamente, como las fauces del más
enorme cocodrilo que pudiera concebirse, sensualmente; bolsas de arrugada piel
semiocultaban sus ojos malvados, muy azules y que parecían moverse con rapidez
líquida; sus destellos eran fríos como un glaciar. Se movió una vez más y levantó sus
enormes alas coloreadas por el sudor en un movimiento que fue como una convulsión.
Luego quedó inmóvil y se durmió. Espolines. Pico agudo. Uñas. Hojas cortantes. Se
durmió.

No tengo boca y debo gritar. Harlan Hellison.

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