3 de mayo de 2019

Minimalismo

¿Qué nos pasa que siempre terminamos cayendo en la trampa del consumismo? ¿Qué clase de sociedad somos que necesitamos consumir? ¿Tanto vacío existencial experimentamos? Yo creo que en el fondo lo que nos pasa es que necesitamos estar haciendo algo siempre e introduciendo novedades en nuestra vida. y cuando empezamos una nueva actividad ya tenemos adquirido la acción inconsciente de comprar. Por ejemplo, si nos apuntamos al gimnasio no nos valen los pantalones de chándal de una marca blanca y un puñado de camisetas de propaganda, sino que vamos y nos compramos ropa y calzado especiales.

Hace unos días encontré de casualidad este blog donde su autor explica como se las apaña con 55 cosas para su día a día como trotamundos. El tipo lleva tan en serio lo del minimalismo que hasta tiene escrito un libro sobre ello.

No le he dado más que un vistazo por encima del blog y parece que en buena parte del mismo hay un poco de vendehumismo y magufismo financiero con todo eso de la libertad financiera y tal (sólo le falta mencionar la "carrera de la rata"), pero la parte del minimalismo está bien. Me gusta especialmente cuando dice cosas como que el AirBook es un aparato caro, que no le hace falta una tablet para nada por muy molona que sea o que tal mochila es chula pero se va de precio. Al fin y al cabo, no es la primera vez que veo a uno de estos trotamundos tan cools pasarse de frenada y parecer más turistas aventureros que verdaderos nómadas buscavidas.

Este hombre viaja con su vida a cuestas, así que es normal que sea extremadamente minimalista: sus trastos se resumen en ropa, ropa de invierno, enseres de higiene, algo de cacharrería informática portable y soluciones de almacenaje.

Aplicar el minimalismo a nuestra vida no tiene porque ser tan extremo, pero seguro que podríamos arreglarnos con muchísimas menos cosas de las que tenemos. Yo si lo pienso realmente, lo único que querría conservar de mis bienes terrenales y que no lo podría llevar encima es mi biblioteca. A parte de eso, con algo de ropa y algo de cacharrería informática creo que ya estaría listo. Mi trabajo sólo requiere un ordenador y mi ocio habitualmente sólo precisa, en el plano material, unos cuantos libros que son fácilmente sustituibles por PDFs.

Si me gusta mi biblioteca es porque me gusta pensar en mi casa como una especie de museo dedicado a mi vida, pero no un lugar donde almacenar cosas compradas para satisfacer el simple impulso consumista. Esto último es un mal endémico entre los aficionados al ocio friki, los juegos de mesa, los juegos de rol y wargames: el friki medio tiende a comprar carísimos juegos que nunca jugará y coleccionar (horrendos) funkos y cosas similares que en el fondo sólo son merchandaising inútil. Yo esto lo miro desde mi experiencia personal, pero seguramente pase con otros sectores de la población: aficionados a la moda, coleccionistas de vinilos o botellas viejas, aficionados a determinados deportes, fans de la tecnología, músicos amateurs... mismo problema, diferente excusa.

Estoy pensando en cómo reducir mis cosas y puede que sea hora de dar el salto definitivo. Ya me he deshecho de la mayoría de los discos y libros que no quería y de mucha ropa... ahora queda la parte de los juegos de mesa y wargames, algunos de los cuales llevan 25 años conmigo. Va a ser duro, pero tengo que hacer una selección de con qué me quedo y qué regalo / vendo. También haré lo mismo con las cartas Magic, que en otro tiempo fueron una modesta fuente de ingresos.

Todo sea por hacer sitio, no tanto en mi casa como en mi mente.

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