7 de junio de 2019

Manjaro KDE Plasma, una rolling release

En el pasado fui un gran aficionado a probar distros de GNU/Linux, casi de forma rutinaria, simplemente por probarlas. Recuerdo justo el momento en el que dejé de hacerlo, cuando un jefe -y sin embargo amigo- me recomendó que me dejase de experimentos en el día a día y fuese a lo práctico, algo así como "ya tendrás tiempo de complicarte la vida con Linux cuando lo necesites en el trabajo". Era justo la época en la que un astronauta simpático te mandaba un CD con su distro a casa si se lo pedías.

Aunque es cierto que mis derroteros profesionales en el mundo de los sistemas me vincularon principalmente a entornos Windows (y más en concreto a Vista) y al final no tuve que hacer cosas muy complicadas con GNU/Linux, sí me pasé a la comodidad de usar la distro que me funcionaba. Primero fue Ubuntu y luego Linux Mint, en sus versiones LTS a ser posible para evitar tener que pensar mucho.

¿A donde quiero llegar con todo esto? A que esta semana tomé la decisión de volver a complicarme la vida. Quise dar un salto fuera de mi área de confort y tener un GNU/Linux que con el tiempo vaya conociendo poco a poco, para luego adaptarlo y exprimirlo.

Mi elección ha sido Manjaro KDE por 3 motivos. El primero es que quería probar una rolling release (una distro en evolución contínua). El segundo es que tras muchos años de escritorios ligeros me apetecía volver a un escritorio potente, con muchas opciones de configuración y muchas tonterías gráficas. Además KDE fue mi primer escritorio y me trae buenos recuerdos. Y el tercero pero no menos importante, es que quiero salirme del entorno habitual de distros basadas en Debian o Ubuntu (Manjaro está basado en Arch Linux).

Tras tomar la decisión fue a la web de Manjaro y escogí la opción adecuada. Tuve algunos problemas al bajar la ISO (de cerca de los 2 Gbs): iba extremadamente lenta y cuando estaba terminando se me cortaba. Cuando descubrí que era porque estaba haciéndolo a través de la VPN integrada del navegador Opera y lo desactivé todo fue como la seda. Tomad nota de ello y no hagáis el primo como yo, que perdí 3 horas por culpa de eso.

Con la ISO en mi poder, desde Windows lancé mi antigua copia de Linux Live, un software para crar pendrives bootables. El programa me advirtió que puede que la versión de Manjaro era muy nueva y puede que no me sirviera. Lo hice de todas formas y efectivamente no servía. Tras una hora más peleándome con la BIOS, recordé la advertencia. Arranqué Windows de nuevo y seguí las instrucciones de la web de Manjaro (usé Rufus).

Una vez solventados todos los problemas previos, la instalación fue rápida y perfecta. Escogí la opción de formatear el disco duro entero y dejar que Manjaro crease una pequeña partición /swap. A parte de eso y de escoger la configuración geográfica (idioma, distribución del teclado, horario...) no tuve que hacer nada más.

El resultado es que en media hora tenía instalado y corriendo fluídamente Mankaro KDE en mi ordenador Samsung RC520, un portátil de gama media del 2012. Mi primera impresión fue, por primera vez en muchos años, similar a las primeras instalaciones de GNU/Linux que hacía, maravillandome con los juguetes gráficos de KDE y Gnome 2: "¡Qué bonito es este escritorio!".


Como se puede ver, recién instalado apenas ocupa espacio. Ciertamente la instalación base no incluye ninguna suite pesada, pero tanto mejor, así sólo instalas lo que realmente quieres y no te andas encontrando con programas redundantes.


La selección de software que incluye el sistema recién instalado incluye, además de herramientas propias de KDE: Firefox, Thunderbird, VLC, Steam, Skype y Microsoft Office 365. El gestor gráfico de software propio es el Octopi, que todavía no tengo controlado, pero que será el siguiente paso para instalar las cosas básicas que me faltan. Pero eso será en otro momento, porque es viernes y está anocheciendo, así que se acerca la hora de las cervezas.

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