26 de mayo de 2020

Octubre por siempre: sentenciados al decrecimiento crónico


Sobre estas líneas una impresionante fotografía nocturna de Manila, capital de la otrora colonia española de las Filipinas, uno de los últimos territorios perdidos en las postrimetrías del siglo XIX, cuando España era ya una sombra decadente de lo que una vez había sido y que nunca más fue. El español no ha sido el único de los grandes imperios europeos en caer, sino más bien uno de tantos, porque todos lo han terminado haciendo. Solo queda el recuerdo del imperio británico, representado hoy por los lazos entre países de la Commonwealth, pero que hace aguas a medida que la historia finiquita el dominio hegemónico de EEUU sobre el mundo.

La situación es obvia, una enorme crisis mundial, que en realidad es ficticia, nos amenaza como si existiera. Es una crisis financiera, creada por los funambulistas de la banca de inversión, de los productos desarrollados ad absurdum al albur de la infinita codicia humana. Es una crisis que nos afecta particularmente a los occidentales porque hemos basado nuestro modo de vida en ella, al principio con egoísta prudencia, repartiendo los beneficios entre nosotros -los occidentales-, ahora, desde hace unos 30 años, sin ningún tipo de mesura, arrasando con todo y con todos, burbujeando la economía como nunca antes se había hecho, haciéndonos trampas al solitario, exprimiendo el futuro sin la certeza de qué nos deparará.

Podría pensarse que, como pasa tantas veces, en el pecado está la penitencia, pero no va a ser así, porque cuando hablo en primera persona de plural lo hago mal, porque nosotros, tú y yo, no formamos parte de los suyos, de ellos. Nosotros somos los pringados que durante unas décadas nos hemos dejado sobornar mientras ellos aplastaban al resto porque había cortapisas que jugaban a nuestro favor. La clase obrera occidental devino en una clase media razonablemente acomodada, pero no pagó el precio en sangre y horror, sino que lo hicieron otros pueblos dominados por hombres de acero. Cuando ellos, nuestros dominadores, no tuvieron nada que temer, pasaron a aplastarnos a nosotros para mejorar aún más sus márgenes y seguir creciendo dentro de sus contabilidades virtuales.

Pero hay otra penitencia en el pecado, en el nuestro por no habernos opuesto a tiempo a nuestros dominadores, y es que un daño colateral del crecimiento desmesurado ha sido cruzar el Rubicón del clima. Dentro de unos años, tal vez unas pocas décadas, hordas de refugiados climáticos cruzarán el Mediterráneo y da lo mismo cuanto paguemos a los mercenarios del norte de África, pasarán porque las balas y las alambradas no detienen el hambre. Y cuando digo hordas me refiero a muchos millones de africanos que se habrán quedado en una generación sin posibilidad de hacer el pastoreo o la agricultura que hasta ese momento hiciesen allá en en el continente primigenio.  Pero este guano tardaremos en verlo e incluso puede que cuando llegue ya lo tengamos "descontado".

El problema al que tenemos que enfrentarnos ahora es la gran recesión que muy pocos creen que va a llegar. Pero las crisis, las depresiones y las recesiones ya no son como en los siglos pasados, porque ahora hay mil opciones para disimularlas y por postureo y auto-convencimiento, muy poca gente está dispuesta a ser/estar/parecer pobre si puede evitarlo. Con opciones de ocio casi infinito y gratuito, algún tipo de ayuda que cubra la mayoría de las necesidades mínimas de la mayoría de la gente, no hay muchas posibilidades de ver la calle arder. La depresión no llegará de golpe, sino de forma asimétrica: diferentes tiempos afectando a diferentes víctimas y de diferentes modos...

En un mundo sin pobreza absoluta, en la relativización de la pobreza hay mucha tela de cortar, y como los problemas de cada uno son consustanciales a sus circunstancias, cada cual solo ve a quien tiene problemas similares. Se ve incluso ahora en los bancos de alimentos, donde hay 2 tipos de pobres: los pobres-pobres que hacen cola en la puerta principal para recibir su bolsa de comida, y los pobres-clase-media que van por la puerta de atrás porque les da tal vergüenza verse pobres-pobres que preferirían pasar hambre antes de eso.

Y puede que de la crisis financiera pudiéramos salir para ver la luz al final del túnel, al fin y al cabo es una crisis ficticia cimentada sobre la burla del dinero fiduciario y las trampas al solitario de unos fondos de inversión que básicamente no producen nada real, pero lo cierto es que la crisis climática sí que es real, pues tiene que ver con cosas como cambios en las corrientes oceánicas, que por leves que sean perturban todo el equilibrio ecológico del planeta. Y no es que al planeta o a la misma vida le vaya a pasar nada, se adaptará y ya está, el problema es que nosotros no tenemos tan fácil lo de adaptarnos. Podemos cambiar unos cultivos por otros, obtener energía con métodos alternativos y cambiar los procesos de producción, pero al final la economía real es un juego de suma cero y de donde no hay no se puede sacar.

Pero nosotros no sucumbiremos ante una crisis malthusiana, sencillamente decreceremos. Cuando debiéramos estar listos para salir de la crisis económica una vez purgados los excesos de las crisis combinadas de 2008 y 2020, lo que pasará será que no podremos retomar las cosas donde lo dejamos y seguir creciendo... sino que sencillamente nos quedaremos en ese punto. Supongo que para entonces tendremos una percepción distinta del valor de las cosas, pero sinceramente no creo que podamos superar nuestro actual nivel de consumo ni ligarlo a la prosperidad. Sencillamente el mundo no da más de sí y muy pronto seremos muchísimos más, no solo porque la población del mundo sigue en aumento, sino porque los pobres-pobres ya no estarán en situación de soportar ser pobres-pobres (y las corporaciones, que habrán visto mermados sus clientes, tampoco pueden permitirse la desaparición de la clase media).

No, la crisis no es un punto de inflexión sino una tendencia crónica a empobrecernos lentamente como sociedad.

Y en medio de todo esto, entre las masas de pobres-clase-media y las corporaciones, los políticos, gestores de la miseria y barrera de contención contra el estallido social. Durante las pasadas década hubo un debate recurrente sobre el futuro, sobre qué tipo de distopía viviríamos, si la de Un mundo feliz o la de 1984. Yo creo que estaremos a medio camino de las dos porque no son excluyentes. Una panóptica vigilancia pasiva junto con una sutil manipulación por medio de la ingeniería social y la voluntariosa ayuda inconsciente de todos.

Si estos días estamos viendo lo que la burda manipulación a base de fake news en el mentidero de las RRSS puede hacer, ¿qué no podrá ser posible con deep fakes? Los deep fakes son manipulaciones hechas con inteligencia artificial para alterar vídeos. Ya se ven desde hace años en la industria del porno, pero falta poco para que se empiecen a manipular vídeos de políticos alterando lo que dicen. Si esto lo unimos a la poca credibilidad del político medio y al enorme poder de sesgo de las RRSS... miel sobre hojuelas para los demagogos profesionales.

Tal vez a consecuencia de todo esto que está por venir nosotros nos veamos abocados a un futuro sin mucha esperanza de mejorar, por eso creo que es importante ahora más que nunca no perder el norte para no perdernos en esa oscuridad que está por llegar. Vienen tiempos oscuros, donde se invocarán dogmas de fe y la manipulación masiva estará a la orden del día. De crisis de todo tipo, porque cuando la pobreza entra por la puerta y es para quedarse, casi todo lo demás sale por la ventana.

Debemos conservar la ética y la cordura, ser inteligentes y generosos, reducir esta crisis a una única generación. Seamos las fundaciones de Hary Sheldon y reduzcamos la barbarie a solo 1000 años.

25 de mayo de 2020

Coronavirus visto desde una terraza (segunda parte)

El fin de semana previo a la llegada oficial del SARS-COV-2 a España me tomaba tranquilamente un cóctel en una terraza con amigos mientras comentábamos qué podía pasar. Este fin de semana que ya dejamos atrás, con la llegada inminente de la Fase 2 de la desescalada, la misma gente nos volvimos a reunir desde aquella vez, en una terraza similar y con un propósito parecido (solo cambiamos los cócteles por vermús).

Aunque algunas personas tenía algo más de paranoia que otras, tras pasar por el punto de control con gel hidroalcohólico a la entrada, la mañana transcurrió prácticamente con normalidad, al albur de la brisa marina, con mascarillas pero recostados cómodamente en una terraza chill-out.

Las sensaciones eran parecidas, con alcohol deslizándose en nuestros labios, la misma tranquilidad de cualquier domingo, sonrisas y charlas sobre arte, deporte y naturaleza, comentarios banales sobre la nueva normalidad. Me llamó la atención que alguien comentase que se habían acordado mucho de mis predicciones de confinamiento, y es que incluso a estas alturas de la película creo que la gente no es muy consciente de todo lo que esto está suponiendo.

Este virus no es sino un cisne negro que servirá de catalizador para la nueva crisis económica (que en realidad es la misma que la de 2008) que vendrá a cambiar nuestro mundo, aunque muchos no sean capaces de verlo por la falta de perspectiva. Y es que los cambios sociales tan profundos solo pueden notarse con el paso de suficiente tiempo, de años o incluso décadas.

Pasó parecido con la globalización, un proceso relativamente rápido para las economías del mundo, pero relativamente lento para la gente porque su integración ha sido asimétrica: no todo el mundo veía precarizado o desaparecido su trabajo a la vez y de hecho no ha sido hasta ahora, con el confinamiento, que las ventas online han empezando a ganar una presencia suficientemente importante en todos los ámbitos.

En resumidas cuentas, que la gente no es muy consciente y que trata de recuperar la normalidad lo antes posibles, considerando esto un pequeño bache. En cierto modo no veo que sea un mal enfoque, después de todo nosotros como ciudadanos de a pie no podemos hacer mucho más, así que ¿para qué amargarnos? Por otra parte lo que veo es poca preparación mental para lo que viene, que más allá de muy posibles rebrotes víricos, tendrá un profundo impacto en los años venideros, la re-fundación del capitalismo que más pronto que tarde tiene que llegar porque la huida hacia delante de 2008 no da más de sí.

22 de mayo de 2020

Ecología capitalista

"¡Usted cree que solamente ha impedido un negocio, pero ese no es el caso! ¡Los árabes se han llevado millones de dólares, mucho dinero de este país, y ahora tienen que devolverlo!

Es el flujo y reflujo, es el ritmo de las mareas, es el equilibrio ecológico. Usted es un viejo que sólo piensa en términos de naciones y pueblos. No existen naciones, no existen pueblos, no hay rusos, no hay árabes, no existen terceros mundos, ni Occidente. Existe solamente un gran sistema de sistemas, un vasto y salvaje entretejido intercalado, multivariable, multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electro dólares, marcos, yenes, libras, francos, y rublos, es el sistema internacional monetario, que determina la totalidad de la vida en este planeta. Ese es el orden natural de las cosas de hoy día. Esa es la estructura atómica y subatómica y universal que configura las cosas de hoy día.

¡Y usted se ha entrometido con las fuerzas primitivas de la naturaleza! ¡Y usted debe repararlo! ¿Me entiende usted señor Beale? Usted aparece en su pequeña pantalla de 21 pulgadas y grita sobre América y la Democracia. No existe América, no existe la democracia, sólo existe la IBM, la ITT, la AT&T, y DuPont, Dow Unión Carbide y Exxon. Esas son las naciones del mundo de hoy día.

¿De qué cree que hablan los rusos en sus consejos de estado? ¿de Karl Marx? No. Hablan de sistemas de programación lineal, de teorías sobre estadística, de problemas económicos, y computan costos de sus transacciones e inversiones como hacemos nosotros. Ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías, señor Beale.

El mundo es un colegio de corporaciones inexorablemente dirigido por los estatutos inmutables de los negocios. El mundo es un negocio, señor Beale. Lo ha sido desde que el hombre salió arrastrándose del barro, y nuestros hijos vivirán, señor Beale, para ver eso: un mundo perfecto en el que no habrá guerra ni hambre, opresión ni brutalidad; una vasta y ecuménica compañía asociada en la que todos los hombres trabajarán para servir a un beneficio común; en la que todos los hombres poseerán una cantidad de acciones; en la que se les cubrirán todas las necesidades, se les moderarán todas las ansiedades, y les divertirán para que no se aburran. Y le he elegido a usted, señor Beale, para predicar este evangelio.

—¿Por qué a mi?
—Porque sale usted en televisión, tonto..."

 Network, 1976

18 de mayo de 2020

Los 5 tipos básicos de enfoques que hay contra el coronavirus

En mi deambular por las cloacas de internet creo haber identificado claramente los 5 tipos de enfoques básicos que exiten entre la gente. Por supuesto no todo el mundo encaja la 100% en alguno de ellos, sino que solo son arquetipos a los que la gente se acerca en menor o mayor medida.

El conspiranoico politicamente neutro


  • Cree que el bicho forma parte de una conspiración mundial judeomasónica capitaneada por Bill Gates, George Soros y Satán, la del Nuevo Orden Mundial.
  • Puede creer tanto que es un arma biológica (que se ha escapado por accidente o lo han liberado), como que es un accidente de la naturaleza pero que los líderes ocultos del mundo están permitiendo que se extienda.
  • También puede creer que ya existe una vacuna, pero que la mantienen en secreto por diferentes motivos (puede creer tanto en un plan eugenésico como en malvados capitalistas buscando hacer negocio).
  • No tiene una ideología política concreta.
  • Tiene como referentes a gente como JL de Mundo Desconocido.


El sologripista politicamente neutro


  • Es idéntico al anterior, con la salvedad de que cree que el virus no existe.
  • El virus, obviamente, es solo una excusa para recortar libertades e implantar el Nuevo Orden Mundial.


El fanboy del gobierno y sus adláteres


  • Este no tiene dudas acerca de la existencia y peligrosidad del virus.
  • Es de los que disfruta con los aplausos de las 20.00 a los sanitarios, los vermús, las pinchadas en los balcones y todo tipo de acciones en comunidad.
  • Manda vídeos caseros a los magazines televisivos.
  • Si es sanitario graba videos bailando en el hospital.
  • Suele ser progresista en algún grado, por lo que defiende contumazmente el 8M y el concepto del capitán posteriori (esto es, que no se podía prever la llegada del bicho a España).
  • Aunque puede ser un funcionario o un empleado del IBEX35 con nómida asegurada, también un mileurista o incluso un parado. No importa su poder adquisitivo ya que el maná ideológico le sustenta.
  • Forma parte de o está relacionado con la red clientelar del progresismo (aunque no tiene porqué ser un "estómago agradecido" en el sentido más directo y material, puede simplemente formar parte de alguna minoría respaldada en los últimos años).
  • Participa "activamente" en la política pagando cuota en un sindicato marisquero o una ONG como quien paga el gimnasio pero no lo pisa.
  • Perdonará al gobierno lo que sea porque la otra opción son los fascitas.
  • Tiene como referentes a los políticos de la izquierda, pero el que realmente le cae bien es el Simón, con sus jerseys, su voz ronca y sus modos campechanos.


El sologripista facha


  • Este también cree que en la conspiración del Nuevo Orden Mundial, pero está esencialmente motivado por su odio a la izquierda de todo tipo y por lo tanto cree más en la maldad del socialismo que en un virus que no le ha afectado de cerca.
  • Evidentemente cree que el Nuevo Orden Mundial es una manifestación más del socialismo.
  • Tiene la firme convicción de que ya estamos viviendo en una dictadura socialista. De hecho ve "marxismo cultural" por todas partes.
  • Como piensa que el virus no existe o es mucho menos virulento y letal de lo que reflejan los datos (piensa que están manipulados), su principal preocupación es la economía.
  • No tiene porqué ser genuinamente malvado, en todo caso será egoísta (de hecho son del tipo de gente que considera que el egoísmo es una virtud, al estilo de los seguidores de Ayn Rand).
  • A pesar de lo anterior, algunos creen que el hecho de que muera gente es asumible si con ello se salva la economía. Estos se consideran así mismos fríos estadistas.
  • Existe dentro de ellos la facción de los cayetanos, pero no todos pertenecen a ella, ya que para eso hay que tener dinero.
  • Critica constantemente el 8M mientras que trata de alcanzar sus números a base de sumar concentraciones y caceroladas en las llamadas Primaveras Cayetanas.
  • Tiene como referentes a jrandes onvres de la política internacional como Trump, Boris Johnson o Bolsonaro.


El auto-confinado científico


  • Este tampoco tiene dudas acerca de la existencia y peligrosidad del virus.
  • No tiene un posicionamiento político demasiado marcado: puede criticar tanto al gobierno como a la oposición.
  • Tiene una percepción bastante negativa de la actuación pasada, presente y futura tanto del gobierno como de la gente.
  • Considera que el mundo es idiota menos él.
  • Suele estar abocado a discutir con casi todo el mundo si abre la boca para opinar algo.
  • Puede mutar a cualquier de los otros tipos en cualquier momento.
  • Puede tener una opinión formada de lo que hay que hacer e ir a piñón fijo o cambiar cada 2 días en función de lo que él considere criterios científicos y neutrales.
  • Tiene como referentes a gente como Miguel Ángel Gaona, Daniel Estulin o Pedro Baños.

13 de mayo de 2020

Portátil sin teclado

La semana pasada tuve la desgracia de tirar un tazón de sopa sobre mi portátil y como resultado se me jodió el teclado. Ahora, cuando trato de encenderlo, se me bloquea en el arranque, presumo que porque detecta que no hay teclado. Puedo enchufar un teclado ubs (con touchpad integrado) y desde ahí entrar en la BIOS normalmente, pero extrañamente lo que no puedo es arrancar el equipo con su sistema operativo instalado (Debian 10) porque el teclado no es reconocido.

Da la maldita casualidad que hace un mes que dejé de subir mis copias de seguridad a Google Drive, haciendo una única copia en el disco duro externo. También sucede que por algún motivo desconocido, el portátil del trabajo (con Windows 10) no reconoce el disco duro externo (puede que sea por el tipo de formato de archivos, aunque juraría que está formateado en NTFS).

Al final la solución ha sido arrancar el ordenador desde un pendrive (con Lubuntu 20.04), acceder al disco duro externo y desde ahí subir los ficheros a Google Drive para tenerlos accesibles desde el portátil del trabajo. Qué de vueltas hay que dar para hacer algo tan sencillo y todo porque Windows no me deja enchufar el disco duro externo.

No sé si el problema de inicio sin el teclado es un problema específico de Debian (que no carga los drivers del usb a tiempo), pero creo que si es eso, tunear el sistema operativo para evitarlo es algo que me supera ahora mismo. Esta tarde, lo que sí que voy a probar es arrancar con una distro en usb con memoria persistente y formatear el disco duro del portátil para dejarlo como almacén.

Será algo incómodo manejar el portátil con un teclado externo y tener que esperar a que todo el sistema se instale en memoria, pero si algo aprendo de estas circunstancias es que siempre es mejor tratar de reaprovechar y reciclar la tecnología, nunca sabes cuando puedes necesitar un ordenador extra.

Por otro lado, el teclado con touchpad integrado lo compré justo el primer fin de semana de confinamiento y me ha salvado el día. No es lo más cómodo del mundo, pero nunca está demás tener algo así a mano, porque además suple ratón y teclado al mismo tiempo usando un único puerto usb.

11 de mayo de 2020

Lecciones aprendidas durante el confinamiento

En España hemos estado casi 2 meses encerrados y hoy pasamos a fase 1, que nos permitirá tener cierta vida social e incluso ir a los bares y cafeterías (no tengo muy claro cuando voy a tardar en pisar uno, pero lo que sí sé es que de momento voy a evitarlos). Con esta desescalada y esta débil reactivación del movimiento uno no puede sino pensar un poco en los últimos 50 días y en las lecciones aprendidas durante este tiempo.

Por mi parte, lo primero, es que como he seguido trabajando y con cierto nivel de presión, para mí el confinamiento ni ha sido una extraña fiesta ni una pesadilla pendiente de la economía. A parte de esto, algunas notas:

  • Tengo una mayor predisposición a estar solo que la mayoría. He tenido algo más de tiempo libre, pero la imposición del contacto social por videoconferencia me ha estado partiendo bastante los horarios, produciendo que el tiempo sea más difícil de aprovechar. A efectos prácticos no estoy pudiendo aprovechar este tiempo extra.
  • Las redes sociales apestan. En general ya lo hacían antes, pero ahora es mucho peor. Prácticamente todo espacio público en internet se ha vuelto un vertedero de fake news y diversas ideologías sectarias. Parece que hoy más que nunca las únicas redes sociales cuerdas son las personales y analógicas, las de toda la vida. Aunque puede que con el tiempo incluso estas dejen de serlo, todo depende del grado de penetración de la agitación social en internet en el discurso en la calle y las mesas de las cervecerías.
  • Nunca está de más ser un poco paranoico. Hay que estar preparado dentro de lo razonable para emergencias de todo tipo. Hay que apostar por la redundancia de los elementos necesarios para mantener tanto nuestra seguridad como nuestra moral alta y eso pasa por tener a mano comida, ropa, techo, electrónica, ocio y -como incorporación de última hora- EPIs. Está muy bien "viajar con poco equipaje" y vivir siguiendo los principios del minimalismo, pero ante una situación así, que seguramente no será la última, hay que tener unos mínimos garantizados.
  • No hay que ser demasiado paranoico. Hay que ser razonable en lo referente a la precaución, pero no dejarse controlar por el pánico y el sinsentido. Ayuda mucho diferenciar lo importante de lo urgente.
  • La resilencia es un rasgo de carácter que debe ser buscado y cultivado, ya que nos hace mucho más resistentes ante cualquier adversidad y eso nos da muchas más posibilidades de superar con éxito los problemas. En este sentido, y como resumen de lo anterior, hay que ir hacia la austeridad, la precaución y el sentido común, aunque parezca contrario a lo que hace el resto del mundo.

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