25 de mayo de 2020

Coronavirus visto desde una terraza (segunda parte)

El fin de semana previo a la llegada oficial del SARS-COV-2 a España me tomaba tranquilamente un cóctel en una terraza con amigos mientras comentábamos qué podía pasar. Este fin de semana que ya dejamos atrás, con la llegada inminente de la Fase 2 de la desescalada, la misma gente nos volvimos a reunir desde aquella vez, en una terraza similar y con un propósito parecido (solo cambiamos los cócteles por vermús).

Aunque algunas personas tenía algo más de paranoia que otras, tras pasar por el punto de control con gel hidroalcohólico a la entrada, la mañana transcurrió prácticamente con normalidad, al albur de la brisa marina, con mascarillas pero recostados cómodamente en una terraza chill-out.

Las sensaciones eran parecidas, con alcohol deslizándose en nuestros labios, la misma tranquilidad de cualquier domingo, sonrisas y charlas sobre arte, deporte y naturaleza, comentarios banales sobre la nueva normalidad. Me llamó la atención que alguien comentase que se habían acordado mucho de mis predicciones de confinamiento, y es que incluso a estas alturas de la película creo que la gente no es muy consciente de todo lo que esto está suponiendo.

Este virus no es sino un cisne negro que servirá de catalizador para la nueva crisis económica (que en realidad es la misma que la de 2008) que vendrá a cambiar nuestro mundo, aunque muchos no sean capaces de verlo por la falta de perspectiva. Y es que los cambios sociales tan profundos solo pueden notarse con el paso de suficiente tiempo, de años o incluso décadas.

Pasó parecido con la globalización, un proceso relativamente rápido para las economías del mundo, pero relativamente lento para la gente porque su integración ha sido asimétrica: no todo el mundo veía precarizado o desaparecido su trabajo a la vez y de hecho no ha sido hasta ahora, con el confinamiento, que las ventas online han empezando a ganar una presencia suficientemente importante en todos los ámbitos.

En resumidas cuentas, que la gente no es muy consciente y que trata de recuperar la normalidad lo antes posibles, considerando esto un pequeño bache. En cierto modo no veo que sea un mal enfoque, después de todo nosotros como ciudadanos de a pie no podemos hacer mucho más, así que ¿para qué amargarnos? Por otra parte lo que veo es poca preparación mental para lo que viene, que más allá de muy posibles rebrotes víricos, tendrá un profundo impacto en los años venideros, la re-fundación del capitalismo que más pronto que tarde tiene que llegar porque la huida hacia delante de 2008 no da más de sí.

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