5 de octubre de 2020

Aislamiento tecnológico

Este sábado, tras dejar a mi novia en casa de una amiga, de la que volvía para casa, le di unas monedas a un señor que estaba pidiendo en la calle. Como llovía y caminaba solo, llevaba puesta la capucha y los auriculares, así que por poco no me doy cuenta que me había dicho algo. Me paré, quitándome los auriculares, para escucharle de nuevo y terminamos entablando una corta conversación.

Charlamos sobre el frío, el coronavirus y el triste panorama político. Una conversación de barra de bar, totalmente genérica. No creo que hablásemos más de 10 minutos, pero fue algo que este señor, Gonzalo me dijo que se llamaba, me agradeció mucho.

Supongo que quien está pidiendo en la calle se siente anulado por la sociedad, algo que seguramente con los años está yendo a más con toda esa tecnología móvil y esos auriculares diminutos que muchos llevamos permanentemente conectados cuando caminamos solos.

Que ignoremos ciertos aspectos de nuestra sociedad, como en este caso a los mendigos, es algo intrínseco de nuestro mundo cada vez más individualista, no algo propiciado por la tecnología. Pero eso no quita que esa misma tecnología aumenta el efecto.

Por otro lado, la tecnología nos permite crear una pequeña burbuja de confort y seguridad a nuestro alrededor. Como vivimos en una sociedad avanzada y segura no tiene que protegernos de gran cosa, así que nos da entretenimiento a medida: vídeos, redes sociales, música y juegos.

El precio a pagar es nuestro aislamiento del resto del mundo. Somos más o menos conscientes de ello, pero de lo que no lo somos tanto es de la gente que se queda fuera, abandonados en el vacío entre burbujas individuales.

Cuidado pues.

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